sueño 
cumplidosueño 
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cumplido

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cumplido

el monólogo del equipo español mereció un mejor premio

Entre los grandes. El Málaga acompañará a Real Madrid, Barcelona y Valencia en el sorteo de la fase final de la Liga de Campeones, que se llevará a cabo mañana. En el caso del conjunto andaluz se puede hablar de sueño cumplido ya que por primera vez en su historia disputará la antigua y siempre reconocida Copa de Europa.
Y hay que hablar de sueño porque este escenario era impensable hace muy pocos años y por todo lo que ha pasado alrededor del equipo en los últimos meses, a raíz de la llegada del jeque al sillón presidencial. Entonces se vendió un proyecto cimentado a base de talonario, se ficharon jugadores de primera línea para pelear con los más grandes del fútbol europeo y cuando ha llegado el momento de la verdad el equipo se encuentra en plena estampida.
Manuel Pellegrini y los que siguen en el barco tienen un doble mérito. No por eliminar al Panathinaikos, un rival de medio pelo, como ha demostrado en esta doble confrontación, sino por todo lo que ha soportado. Los problemas económicos forzaron la salida de futbolistas importantes como Cazorla y Rondón y dejaron el once sin sus principales referencias. Todo en un cortísimo espacio de tiempo y maniatado de pies y manos. Por eso, la piña al final del partido viendo a los jugadores sonreír demuestra todo lo que han sufrido dentro del vestuario. Ahí radica el valor de esta clasificación para la fase final de la Liga de Campeones.
Un premio justo. El Málaga cimentó el premio en La Rosaleda y los dos tantos logrados en la ida fueron suficientes para seguir en la competición. Es más, el partido de vuelta solo puede calificarse como un monólogo del equipo español ante un Panathinaikos incapaz de encontrar un hueco para acercarse a los dominios de Caballero. Pellegrini montó una alineación atrevida, si se puede calificar así visto lo que tiene en la plantilla, con Isco, Joaquín, Eliseu y el jovencísimo Olinga en ataque. La idea era contar con la mayor posesión posible para contrarrestar el vendaval inicial esperado y que nunca tuvo lugar.
El empate a cero final no hace justicia con los méritos del Málaga, que debió llevarse el triunfo en Grecia. Dominó el partido de cabo a rabo y solo faltó a su cita con el gol por algo evidente. Este equipo no tiene delanteros y por lo tanto no tiene gol. Sencilla ecuación. Demasiado ha hecho con no recibir ninguno, ante un rival sin fútbol, sin pegada y sin ambición a lo largo de los ciento ochenta minutos.
Este hito tiene consecuencias positivas: le sirve para sanear su economía, abre la puerta a nuevos fichajes y frena la salida de otros jugadores.