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españa se despide con una participación en el world baseball classic y sienta las bases de su crecimiento

La selección española de béisbol entraba en el World Baseball Classic por la puerta grande, derrotando a Israel en un último partido en el que todo estaba de cara para que los españoles perdieran el billete al gran clásico mundial. No fue así y en un partido casi épico España se impuso y se coló entre las 16 mejores selecciones. Se dice pronto, pero no se consigue fácilmente. Una vez en el WBC ya no hubo tanta suerte. Encuadrada en el conocido por todos como ‘Grupo de la muerte’, España se vio las caras con tres de los favoritos a llevarse la corona mundial, tales como la potente República Dominicana, el visceral Puerto Rico y siempre peleona Venezuela. Tres partidos y tres derrotas, pero una imagen que sorprendió absolutamente a todo el mundo y un no dar por perdido un encuentro hasta el último ‘out’ que demostró que el béisbol español ha colocado ya los cimientos de un futuro esperanzador, o lo que sería en términos de bate y pelota, ha llegado a primera base.
Tuvo que luchar contra sus rivales en el diamante y contra una prensa más negativa que positiva durante todo el tiempo que se mantuvo viva en el torneo. El hecho de que en toda la plantilla hubiera sólo un jugador nacido en España, mientras que el resto de componentes de la misma eran jugadores de origen dominicano, venezolano, cubano y estadounidense con pasaporte español levantó ampollas entre los sectores más ajenos al deporte del bate en nuestro país. La masa general, esa misma que desconocía la existencia de una selección española, volvió la espalda al equipo e incluso se atrevió a bromear sobre el tema de las nacionalidades. Parte de la prensa nacional e internacional también. Sin Pocos se pararon a preguntarse el motivo de que esto sucediese y menos aún dieron con la respuesta.
Ese deporte minoritario en España que es el béisbol llegó a nuestro país de la mano de la inmigración y fueron los jugadores que lo trajeron, los mismos que ahora lucen orgullosos el uniforme de la selección pasaporte en mano, los que elevaron el nivel del deporte del bate hasta colocar a nuestro país en la élite. Son las raíces de algo que se debería ver bastante impulsado tras el papel del equipo en el WBC y que sirve como semilla de un producto nacional que está por venir. Más de 3.000 jugadores de diferentes categorías están federados en España. Muy difícil tiene que ser no poder hacer un equipo con ellos de aquí a unos años.
Nombres propios del béisbol español como pueden ser el lanzador Eric Gonzalez o el jardinero Engel Beltre, componente del ‘roster’ de 40 jugadores de los Texas Rangers de las Ligas Mayores este año, son el ejemplo a seguir por todos los niños que hoy usan gorras que les quedan grandes y bates que en menos de lo que piensan les parecerán pequeños. Ellos, por citar sólo dos de los casos más llamativos, uno por producto nacional y otro por ejemplo de lo más alto a lo que se puede llegar, son el espejo en el que mirarse. Un espejo en el que chavales ensayan sus poses al bate o su gesto al lanzar… soñando con vestir algún día la camiseta de un país que ha recorrido un largo camino.