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andrea petkovic volvió a jugar después de pasar mucho tiempo lesionada. la excéntrica alegrará el circuito femenino

La chica más rara y encantadora del tenis no pudo celebrar con su particular baile su regreso a un Grand Slam. La alemana, nacida en Bosnia, ha jugado solo once partidos en el 2012 por culpa de dos graves lesiones que han truncado su fascinante progresión. Una hernia discal en enero y una escalofriante rotura de los ligamentos del tobillo en abril la han tenido siete meses fuera de las pistas. Aunque llegara a ser top-ten, todos esos meses de baja se notaron en su partido ante la suiza Romina Oprandi, que la superó por 6-2 y 7-5. 
Petkovic llegaba al torneo con el objetivo de ganar al menos un partido. “Ya eso sería un éxito”, admitió en declaraciones a ‘The New York Times’ antes del torneo. No lo ha conseguido, pero no era nada fácil en su tercer partido después de cuatro meses parada -volvió la semana pasada en New Haven-. El año se empezó a torcer cuando tuvo que renunciar al Abierto de Australia por una hernia de disco. Le dijeron que durante dos semanas no debía hacer nada de rehabilitación, solo descansar. Así que al día siguiente se subió a un avión camino de las Maldivas: “Me fui sola con 4 ó 5 libros, lleve mi móvil pero no lo encendí. Solo hablé con mi familia una vez por semana. Estaba sola todo el tiempo y fue genial. Fueron las mejores vacaciones de mi vida”, dijo a ‘USA Today’. En su carácter extrovertido también hay hueco para un plan así de bohemio. 
Volvió a competir en abril y, tan solo tres partidos después, cuando preparaba Roland Garros jugando en Stuttgart, el tobillo se le rompió. Su cara, en la que suele dibujarse una preciosa sonrisa, tuvo que contener las lágrimas. “Supe inmediatamente que era grave porque escuché un ‘crack’. Me quité la zapatilla y lo primero que pensé fue ‘no llores, no llores, no llores’. Había 4.000 personas viéndome y jugaba en casa”, se lamentó. El proceso de recuperación fue más duro aún. “Fue lo peor. Haces ejercicios con los que no sudas y parece que no estás haciendo nada. Había un reloj enorme en la sala y un minuto parecía una hora. Pero simplemente tienes que hacerlo”. Aunque ahora se siente bien, la asusta “no ser capaz de competir con las mejores, no volver a ser la que era, quiero estar en el top ten, no en el top 30”.
NO ES UNA ESTRELLA CUALQUIERA
Todo cambió para Andrea Petkovic en la primera ronda del US Open de 2010, cuando sorprendió a Nadia Petrova, entonces 17ª cabeza de serie. Tras darle la mano a la rusa y al juez de silla dio unos pasos de baile en el centro de la pista. Fue el primero, como consecuencia de una apuesta con su entrenador. Y el baile, bautizado después como el ‘Petko-dance’ se convirtió en un ritual. “Soy muy supersticiosa y desde que lo hago juego mejor”, explica. A su belleza y a su carácter extrovertido se unieron en 2011 unos grandes resultados. Llegó a cuartos de final en Australia, Roland Garros y US Open y alcanzó el octavo puesto del ránking. El fenómeno Petkovic se agrandaba. 
Su carisma sedujo a una legión de fans, con los que conecta a través de twitter, facebook y YouTube. El uso que le da a su cuenta en YouTube ha llamado tanto la atención como sus bailes. Allí se convierte en Petkorazzi -mezcla de su nombre y paparazzi- y muestra las interioridades del circuito, entrevista a otros jugadores, se graba cantando, bailando, entrenandose y, por supuesto, también da bola a sus patrocinadores.
La música es una de sus aficiones, y cuando se retire quiere fundar una discográfica con la que dar oportunidades a jóvenes artistas a vivir de la música. Cuando cuelgue su raqueta también planea iniciar su carrera como política. Para ello, en su ajetreado día a día, le da tiempo de estudiar Ciencias Políticas en la universidad a distancia de Hagen. Es seguidora del Eintracht de Frankfurt, lee a Goethe, Oscar Wilde y Dostoievski, le gusta el arte y admira al Che Guevara. Y reza: “La gente necesita leer más y jugar menos a los videojuegos”.